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sábado, 23 de abril de 2016

Autorretrato farsante


Al mirar el retrato, un detalle salta a la vista: el personaje ríe para disipar la incomodidad. Su sonrisa es falsa. El objetivo de esta es no aparecer apagado en un contexto que, probablemente, carece de emoción. El resto del encuadre indica que está en un museo, o en una exposición. Su postura en contrapposto reafirma su intención de darle una vitalidad artificial a la foto. Pero no lo consigue. Adolescente como es, no está entrenado aún en el arte de lo fingido. La caída de su cabeza hacia un lado tiene, además, otro propósito: no ser cegado por la luz de una cámara barata, que se refleja de manera innecesaria en el vidrio. El fotógrafo es rudimentario.





Esta vez se notan menos los gestos del personaje, pero más su condición física. Ha aumentado en edad, probablemente varios años. Dejó ya la adolescencia y decidió salir al mundo en busca de sus sueños. Se cree un trotamundos (pero está muy lejos de serlo). En el retrato, se le ve visitando alguna ruina prehispánica. Se sostiene con los brazos, lo cual marca unos músculos bastante más desarrollados que en la foto anterior. El color de su ropa contrasta fuertemente con el del paisaje. Se nota que su búsqueda es pretenciosa; que de aventuras lo único que debe tener es el libro que lleva en la maleta de aquél viaje.




Reaparece aquí la sonrisa fingida, ya como un arte en el que el personaje va adquiriendo destreza. Es claro que su sonrisa no es bonita, que sus dientes están apretados en su boca, pero la sonrisa es su única arma para disimular la melancolía. La melancolía deriva de una búsqueda fallida, de la sensación de vacío que no pudo llenar en su época de viajes. Ahora está en un auditorio. El código de vestimenta del lugar demanda elegancia; pero, en un gesto de rebeldía –quizás una compensación por la poca libertad que tiene para mostrar su verdadero estado de ánimo–, él lleva puesta ropa holgada, remangada, feliz.

1 comentario:

  1. En el tercer autorretrato no me parece ver una sonrisa fingida. Creo que al pasar los años el entrenamiento aumenta, puesto que aquí es bastante convincente. Se ve felicidad genuina, tal como demuestra la ropa.

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